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El FBO no es la terminal que conoce
La aviación privada sale de una terminal aparte, el FBO, con su propio acceso y su propio aparcamiento. Casi nunca está donde está la terminal comercial, y llegar a la puerta equivocada de un aeropuerto grande cuesta veinte minutos.
Confirme la dirección exacta el día antes. Es el error más común y el más fácil de evitar.
La hora de presentación
Para muchos vuelos nacionales puede orientarse una llegada de 15 a 20 minutos antes al FBO. No es una regla universal: el aeropuerto, el operador, el control de seguridad y una ruta internacional pueden exigir más tiempo, y manda la hora del itinerario final.
La hora de salida juega a su favor: el avión sale cuando usted está listo, dentro de la ventana acordada con control. Lo que no se mueve son los slots en aeropuertos congestionados, y ahí sí conviene ser puntual.
Esperas y vueltas
Si la aeronave se queda esperándole unas horas en destino, eso se cotiza. Si se queda a dormir, además hay pernocta de tripulación. Un ida y vuelta en el mismo día suele salir mejor que dos tramos sueltos, pero conviene decidirlo antes.
Quién le recibe
En el FBO hay personal de tierra que ya tiene su nombre y el de la aeronave. No hay mostrador que buscar: se entra, se identifica y se pasa a la sala. El equipaje lo cargan ellos mientras usted espera, y en la mayoría de los casos ni siquiera hay que sacarlo del coche.
La tripulación se presenta antes de subir. Es el momento de decir cualquier cosa que afecte al vuelo: si alguien vuela con miedo, si hay que aterrizar a una hora concreta, o si la mascota se pone nerviosa en el despegue.
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